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martes, 18 de junio de 2013

La mala costumbre: Consumir conocimiento, y no producirlo.


Sin lugar a dudas desde sus origines la medicina ha buscado basarse en evidencias. En los primeros años de su historia buscó dicha evidencia en lo abstracto, que para ese entonces era un modelo aceptado de la realidad. Pero con la evolución del pensamiento crítico y analítico, cada vez se generaron más evidencias en base a la experiencia y la observación. Posteriormente el pensamiento científico, la sistematización de las experiencias y de las observaciones fueron ganando campo en el quehacer médico.

No obstante, muchos podrán argumentar que menos de la mitad de las prácticas clínicas actuales se basan en conocimiento validado previamente por investigación científica. Y algunos otros dirán que muy poco de lo que actualmente hacemos resultaría siendo evidencia valida tras pasar un riguroso proceso de investigación científica.

De dichos argumentos podríamos concluir que la cantidad de evidencia que disponemos es reducida, y que mucho de la práctica clínica tiene su base en experiencias personales, en transmisión del conocimiento por expertos y en la adecuación de dichos conocimientos a una realidad particular y a un paciente en particular. Aquello que es llamado por algunos, el arte de la medicina.

Si esa es la situación en la que actualmente nos encontramos, ¿por qué no generamos evidencia?. En más de una decena de oportunidades al revisar guías clínicas, consensos y metanálisis he encontrado una oración que puede ir redactada de diversos modos pero su mensaje es el siguiente: "No se encontraron suficientes artículos que cumplieran los criterios de inclusión. Las recomendaciones clínicas que se presentan son de nivel D. Hace falta más evidencia al respecto del tema".

Teniendo en cuenta esta escasez de evidencia, las diferencias entre las realidades de diversos países, y las características propias de cada paciente en torno a su dolencia, ¿No hay acaso mucho trabajo por hacer? Los vacíos en el conocimiento médico son enormes y saltan fácilmente a la vista. Existen muchas enfermedades sobre las que conocemos tan poco que no tenemos mucho por ofrecer a nuestros pacientes, y eso es algo que va frustrando el desarrollo del clínico o del cirujano. ¿Qué podemos hacer por esas situaciones? ¿Basta con esperar que otros produzcan el conocimiento necesario para superar este problema?

Cuando culminé el 6to año de carrera médica, en una ceremonia muy bonita previa al internado médico, un docente a quien mi promoción reconoció como uno de los mejores en nuestros seis años de formación tomó la palabra y dijo: "Tienen uds, un deber para con su paciente, para con su país y para con la medicina peruana. No basta sólo con atender, sean docentes de sus pacientes: enséñenles; sean docentes de sus colegas: ayudenlos a avanzar junto a uds; y si pueden sean docentes de las nuevas generaciones médicas que los sigan a ustedes; y siempre que enseñen traten de enseñar el conocimiento que ustedes han generado, porque si seguimos consumiendo conocimiento y no produciendo, nunca saldremos del subdesarrollo".

Ese es básicamente el mensaje que quería dejarles ahora a ustedes. A pesar de que alguien pueda decir que no hay nada nuevo bajo el sol, existen muchas cosas hacia las cuales no ha llegado la luz del entendimiento humano... ¿Nos quedaremos esperando a que otros las descubran y nos las cuenten?

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